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lunes, 31 de octubre de 2011

CAPTURA REGULATORIA TRÁGICA, COMISIÓN NACIONAL DEL AGUA


El silencio puede ser revelador; callando se asumen la culpa y la impotencia, o la complicidad. Al dejar que se consume la tragedia de Cuatro Ciénagas, apostándole a la indiferencia y el olvido, la Comisión Nacional del Agua nos ofrece un lamentable espectáculo de conflicto de interés institucional. Los actores son los agricultores de alfalfa de esa región del desierto de Coahuila, proveedores de una emblemática industria lechera. Ellos sobreexplotan, detentan, y agotan los recursos hídricos superficiales y subterráneos. Como consecuencia, despojan a las lagunas y pozas de Cuatro Ciénagas del líquido vital que ha permitido la existencia de extraordinarios ecosistemas acuáticos, especies y genomas primigenios durante decenas de millones de años.  No pasaría de ser un episodio más de disfunción gubernativa, si no entrañara una calamidad ecológica irreversible, y un terrible atropello al patrimonio biológico del planeta. Y si además no conllevara un desacato flagrante a instrucciones y compromisos expresos del Presidente de la República.

La Comisión Nacional del Agua (CNA) atiende a dos clientelas prioritarias: a los organismos municipales operadores de agua, y a los agricultores de distritos y unidades de riego. A ellos  se debe, envuelta un permanente conflicto de interés,  donde obviamente elude la responsabilidad de regular a ambos. Es un ejemplo palmario de captura regulatoria.  A los municipios les  concede impunidad en la descarga de aguas residuales urbanas sin tratamiento, fuente primordial de contaminación y degradación ecológica de ríos y de aguas costeras. Violan la ley y la normatividad (NOM-001-SEMARNAT) bajo su mirada paternal, y simplemente no les cobra, o les condona el pago de derechos por medio de diversos programas (PROSANEAR, PAS). CNA no puede ser regulador, estando inmersa en un esquema de relaciones cliente-proveedor con los gobiernos municipales. Se requiere una entidad regulatoria autónoma distinta de la CNA en materia de servicio público de agua potable; al igual que en materia de aguas residuales y contaminación de cuerpos de agua federales (en este último caso debería ser la PROFEPA, si fuera dotada de las capacidades institucionales necesarias).

A los agricultores los atiende en 85 distritos de riego (transferidos a ellos en los años noventas) y en cerca de 40 mil unidades de riego, que ocupan  6.5 millones de hectáreas. Utilizan  casi el 80% del agua consumida en México, que para ellos es esencialmente gratuita, y se les libera de toda responsabilidad ante gravísimos problemas de contaminación difusa del agua por plaguicidas y fertilizantes. Sobreexplotan y llevan al agotamiento a más de 100 acuíferos subterráneos estratégicos, entre ellos, el que abastece a Cuatro Ciénagas. La CNA es apoyada en la sobrexplotación de acuíferos por la Comisión Federal de Electricidad, que subsidia anualmente el consumo eléctrico de los agricultores, en el bombeo de aguas subterráneas destinadas al riego, con un promedio de 10,000 millones de pesos anuales.  La CNA no puede regular a una clientela política tan importante, menos aún, en el caso de Cuatro Ciénagas, cuando forma parte de un poderoso conglomerado lechero  de alcance nacional.

La CNA evade el hecho de que además de usos urbanos, agrícolas, industriales y de servicios, el agua cumple una función ecológica vital, que es abastecer a ecosistemas acuáticos, como Cuatro Ciénagas, que debieran ser considerados usuarios tan legítimos como los demás. No tienen voz, no ejercen presiones, no demandan subsidios, no pagan favores políticos. Nadie los representa ni hay contrapesos institucionales ambientales al establishment agroindustrial. La institucionalidad del llamado sector aguarefleja claramente estas circunstancias e intereses. Sólo reciben interlocución organismos operadores municipales, y organizaciones de agricultores de riego. Son excluidos científicos y conservacionistas, y la propia SEMARNAT, que en teoría encabeza al sector (sólo en teoría). Sin representación y sin regulación, Cuatro Ciénagas está condenado. La CNA calla,  paralizada por sus conflictos de interés. ¿Qué valen las instrucciones, promesas y compromisos del Presidente de la República?

viernes, 21 de octubre de 2011

COMISIÓN NACIONAL DEL AGUA, CONTRA EL PLANETA


En Cuatro Ciénagas, Coahuila, Área Natural Protegida, México se empeña en exterminar un conjunto de ecosistemas de singularidad y antigüedad insólitas. Pronto, de no mediar una intervención urgente y decidida de la Presidencia de la República, nuestro país  habrá perpetrado un acto vandálico extremo  sobre el patrimonio biológico del planeta. El valle de Cuatro Ciénagas es un prodigioso ensamble de oasis de lagunas y pozas color turquesa, entre montañas majestuosas del desierto coahuilense que han sido esculpidas por las fuerzas telúricas más arcaicas y poderosas. Hace 220 millones de años fue mar, que penetró al romperse el continente único de Pangea. Al configurarse geológicamente América del Norte hace 35 millones de años, y retirarse el mar, microorganismos, peces y reptiles, entre otras muchas especies marinas, se adaptaron a vivir en agua dulce, creando comunidades biológicas sin parangón, sólo existentes ahí y en ningún otro sitio; absolutamente endémicas. Sobresalen los estromatolitos, estructuras construidas por microorganismos de  miles de millones de años de antigüedad, que se cuentan entre los primeros organismos productores de oxígeno habitantes de la tierra. Su genoma, de la vida más temprana,  es un tesoro científico invaluable.  

Pozas y lagunas, en medio del desierto, se han nutrido durante decenas de millones de años de manantiales y arroyos permanentes abastecidos por  acuíferos subterráneos. Hoy en día, en una de las lagunas más grandes (Churince) se revela la dimensión de una tragedia ecológica indecible: “Lo que hay ahora es un tapete macabro de peces muertos, rastros de tortugas buscando agua desesperadas para acabar enterrándose en el último lodo que queda, entre estromatolitos muertos. En un pequeño charco, de no más de cinco metros de largo, en estos momentos, se debaten los últimos 200 ejemplares de Sunfish del ecosistema – y del mundo” (Dra. Valeria Souza).

La causa: la incapacidad de la Comisión Nacional del Agua (CNA) para evitar que los agricultores de alfalfa, proveedores de conocida industria lechera de la región, detenten, sobreexploten, derrochen y agoten los acuíferos de los cuales dependen los ecosistemas acuáticos de Cuatro Ciénagas. Todo, a pesar de un compromiso y orden presidencial hechos hace más de cuatro años. Los productores de alfalfa – uno de los cultivos con mayor demanda de agua establecido ¡en el desierto! –  además de drenar los manantiales, bombean agua del subsuelo gracias a los derechos otorgados por la CNA y a un cuantioso subsidio eléctrico concedido por la Comisión Federal de Electricidad. Explotan más de 50 millones de metros cúbicos de agua al año, mientras que la recarga natural del acuífero es de menos de la mitad. La propia CNA reconoce oficialmente esa condición irracional de sobreexplotación. La última esperanza que tenía la laguna de Churince, cerrar la compuerta de los drenes, se ha desvanecido, y ha sido abierta nuevamente por los agricultores, privando a la laguna de sus postreras gotas de sangre. En nuestras narices. Pueden más los intereses lecheros que la historia biológica del planeta y que el portento ecológico de Cuatro Ciénagas.

A estas alturas del drama, sólo el Presidente Calderón puede impedir el terrible desenlace final. La incuria, la dejadez, la burocracia, los intereses, las complicidades y la indiferencia no pueden ser desmadejadas ya a través de procedimientos administrativos y regulatorios convencionales. De no hacerlo urgentemente, uno de los estigmas ecológicos más oprobiosos posibles nos señalará  aún más en estos años sombríos.


Es de una urgencia absoluta la intervención Presidencial:  para expropiar, cancelar o comprar perentoriamente los derechos de explotación del agua en Cuatro Ciénagas; declarar veda total a la extracción de agua para usos agrícolas y hacerla cumplir –  incluso por la fuerza; cerrar inmediatamente todas las compuertas de los canales que drenan los manantiales;  cancelar ahora mismo el bombeo de aguas subterráneas; y, emprender cuanto antes los trabajos necesarios para restablecer plenamente el flujo natural de agua a todas las pozas y lagunas.  Habrá que pagar las legítimas indemnizaciones que procedan.  Miles de millones de años lo observan con angustia.